Jueves, 17 de Agosto de 2017

Opinión | Reflexión sobre el terror, por Rodrigo Ampuero

Columnista Rodrigo Ampuero | Arroba Noticias | www.arrobanoticias.pe

14 de julio del 2016, Niza, Francia. Durante la fiesta nacional, un hombre armado con un camión (y su dañino fanatismo religioso) oscurece la vida de cientos de personas, todo en el nombre de un dios. Exactamente 8 meses antes, entre el 13 y 14 de noviembre del 2015, París se tiñe de rojo a causa de una sincronía devastadora. Cinco ataques en simultáneo en la ciudad de la luz son el motivo de una consternación global que, lamentablemente, tiene muchos precedentes.

Todos los noticieros, portales de internet, redes sociales, editoriales de prensa, absolutamente todos, buscaban la última actualización, la novedad, el suceso más reciente, con el fin de poder informar y dar conocer al mundo que es lo que estaba ocurriendo. Pero imagínate por un momento, como sería estar ahí, como debió sentirse ser una víctima, o peor aún, un sobreviviente, un familiar, un conocido, un policía, o, incluso, el mismo terrorista.

Wikipedia nos dice que el término terrorismo no puede ser definido debido a la amplia gama de connotaciones que se le pueden adjudicar; sin embargo, su misma esencia es algo tan simple que se engloba dentro de la misma palabra: el terror. Ese mismo terror que envuelve a todos cuando vemos que ocurren hechos de tal magnitud: desde lo ocurrido en la década de los 80 y 90 en nuestro país, hasta el ya casi trillado 11 de septiembre. Ese mismo terror que se tuvo que revivir hace poco en Manchester y en Londres, que es pan de cada día en el Medio Oriente.

Tristemente, esta modalidad de “enviar mensajes” se ha convertido en la mejor ofensiva contra una sociedad que cada vez se encuentra más vulnerable y apática, una sociedad sumergida en el egocentrismo de ciertas potencias mundiales, que se indigna de sobre manera cuando el ataque se perpetra en Europa y voltea la mirada cuando las víctimas son un grupo de niños palestinos que jamás entendieron el motivo de esta sangrienta locura.

Sin duda alguna, no existen motivos ni excusas para darle cabida a este tipo de eventos en un “mundo civilizado”; es más, no existe ningún argumento válido para intentar entenderlos y mucho menos explicarlos a las futuras generaciones. Solamente el hecho de que sean más y más comunes, de que se repitan día tras día, es el claro ejemplo de una verdad incuestionable: nos hemos perdido como humanidad.

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