jueves, 19 de abril de 2018

Si no te ensucias, pierdes, por Rodrigo Ampuero

Si no te ensucias, pierdes, por Rodrigo Ampuero

Para que un sistema funcione a la perfección, es necesario que sus partes trabajen de manera óptima y continua, sin errores ni fallos de ninguna clase. Del mismo modo, los objetivos trazados son importantes para tener un rumbo a seguir. La finalidad de todo esto se engloba en conseguir un desarrollo, tanto para las partes involucradas como para el sistema completo.

Pero algo pasa cuando una parte se corrompe, aun cuando se trata de la más pequeña y minúscula. Ésta alteración, por un simple efecto dominó, puede provocar grandes cambios negativos y poner a todo el sistema en riesgo.

Exactamente así es como funciona la corrupción, un pequeño cáncer que va creciendo y ganando espacio en todos los ámbitos de nuestra sociedad, que se esparce sin control, que va contagiando a las demás partes, enfermando lentamente a un sistema frágil, que en muchos casos, carece de defensas.

Esta enfermedad se disfraza de una cadena de favores ilícitos encubiertos por el famoso «Hoy por ti, mañana por mí». Sus síntomas son casi imperceptibles debido a la naturaleza turbia de su modus operandi. Todo debe ser secreto, en la oscuridad, por debajo de la mesa.

Actualmente, nuestro país está sufriendo gravemente de esta enfermedad que parece ser incurable. Los escándalos son destapados, cada uno más descarado y sinvergüenza que el anterior, involucran a personajes que ocupan (o han ocupado) altos rangos del poder. El Perú, ya corrompido, está agonizando, el pronóstico no hace otra cosa más que empeorar y el único que tiene todas las de perder es el pueblo.

El otro día, conversaba sobre éste tema con un amigo, él terminó diciéndome una frase que me parece muy justa para compartirla en el final de este artículo. Una frase tan deplorable, pero con tanta verdad en cada una de sus palabras, que espero que usted, querido lector, tenga en mente para caer en cuenta sobre la gravedad de la situación.

«Cuando trabajas para el Estado, no tienes salida. No importa qué tan honesto o limpio seas, si no dejas que te ensucien, nunca vas a progresar.»

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