viernes, 5 de junio de 2020

La comunicación es una responsabilidad más que un derecho, por Milagros Melgar
Fuente: Black Mirror / Wordpress.com

La comunicación es una responsabilidad más que un derecho, por Milagros Melgar

Es cierto que la libertad de expresión es un derecho, de hecho, en este tiempo es una obligación, un recurso que no podemos suprimir aunque cansados estemos de la falta de justicia. Ahora más que nunca en que, los pensamientos obtusos parecen haberse multiplicado, cerrando círculos en los que son presos de su propio fanatismo e ignorancia, y quienes sin embargo más alto se pronuncian a fuerza de grito prepotente, matonería y sinrazón. ¡Sí!, decir es imperativo, es necesario comunicar, informar, ser también el grito de protesta frente a la iniquidad, pero no podemos sino responder con responsabilidad y con la única y verdadera herramienta: la verdad aunque nos parezca que ya no tiene poder absoluto sobre la infame ironía que se impone día a día.

Bien, está claro que callar no es una opción, pero sería bueno recordar que al emitir opinión, en el territorio que estemos y con quien se nos dé la oportunidad, al hablar o escribir con libre albedrío es mejor hacerlo con la responsabilidad de estar bien informados, la investigación es una prioridad para luego responder a cualquier tema. El gran problema de ahora, es que este es un fenómeno cada vez menos frecuente, es simple ver el número decreciente de personas que indagan, curiosean y se imbuyen antes de hablar.

En el medio virtual, al menos, la humanidad acaparada de la web y por la rapidez de la información que llega a su alcance, irracionalmente y en un afán inmediato de respuesta, resbala en un barril sin fondo. Esto se ve en las redes sociales, en páginas de difusión masiva que nos invaden y aceleran su curso de llegada, y que tácitamente nos obligan a dar algo de nosotros a cambio de la infinitud de posibilidades a explorar. Pero, por lo general, la mayoría nada en la superficie y se arma de palabras en la ligereza de emitir lo primero que se le ocurre, copiar lo que dijo mengano, repetir lo de zutana, o lo que es peor, inventar; se ingresa así en el terreno peligroso de la desinformación y no tarda en hacerse progresivo el afán de lucir, de estar por encima, de hacer que ideas que ni siquiera son de sí mismo pesen más, y pronto estar hasta el cuello de enredadas e infundadas discusiones que incluso llegan al insulto, denigrándose el sujeto mismo en función de la nada. En este caso, por mencionar el terreno en el que diariamente nos movemos con presteza, el internet, del que no tomamos la ventaja sino la procrastinación, y el hábito de esta, tomando de la superficialidad, ahogándonos de mentiras y creyendo que podemos caminar sobre el agua, en el albur, la casualidad.

Cómo vamos a defender nuestros derechos si estamos dándole la batuta al facilismo, el abrir la primera página, por ejemplo, para resolver problemas de salud, si sueltos de huesos emitimos una opinión vaga y disminuida acerca de nuestra cultura, si nos ponemos la camiseta del chovinismo majadero para discriminar a nuestros propios paisanos, si defendemos la corrupción con la gloriosa frase de “roba pero hace carreteras”, si justificamos la violencia, si somos groseros y no cuidamos lo que decimos, si instigamos airosos contra las mujeres y las llamamos “feminazis”, si por ser mujeres repetimos que “los hombres son basura”, si somos pelea incansable de todos contra todos, si creemos que sólo la palabra de uno mismo tiene poder y no construimos una base lógica, coherente, y objetiva para la biblioteca de nuestro conocimiento.

Es cierto que siempre habrá desacuerdos pero que estos tengan fundamento, que las conversaciones sean nutridas y no necias, que sean sinceras, impetuosas y a su vez elevadas, que hagamos crecer el sentido propio de lo que nos hace tener personalidad de seres racionales y humanos, sobre todo.

Por último, no seamos parte de las legiones de quienes habla, en esta frase, Umberto Eco: «Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar, después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles«.

Umberto Eco / BBC

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Sobre el autor

Escritora y fotógrafa puneña, columnista de opinión y guionista. La literatura ficcional en sus cuentos de oscuros personajes maneja un lenguaje sugestivo, dramático y muchas veces perverso.