domingo, 21 de octubre de 2018

«La mina de nuestros corazones», por Kevin Klatt

«La mina de nuestros corazones», por Kevin Klatt

El Perú ha sido, desde tiempos antiguos, hasta el día de hoy, una mina de oro para quien sepa aprovecharla. Siempre he guiado mis pasos por diferentes partes de este ya tan apaleado Perú, producto de sus padres patrios que a lo largo de los últimos años no han sido más que buitres de corbata.

Sin embargo, el futuro siempre ha sido un superviviente de nuestras constantes malas elecciones, y como muchas de las falencias que tiene este país lamentablemente los “errores” o los tan poco bien disimulados robos a la patria, se borran como las huellas en la arena en la marea del tiempo.

Pero veamos más de cerca el problema.
¿Por qué tomamos malas decisiones a la hora de escoger a nuestros representantes?
¿Acaso es producto de que efectivamente solo llegan a postular todos los malos y debemos escoger sobre el mal menor?
¿O es acaso que nosotros como patria no estamos unificados para poder escoger a alguien que nos represente, y no solo como clase social, económica o cultural, sino como patria?

Vivimos una realidad en la que cada vez somos menos los que leemos y cada vez más los que aspiran a robar o a ponerse una suerte de disfraz de diminutas telas con un león o una cobra estampados.

Hace ya muchísimos años Joseph de Maistre dijo: «Cada nación tiene el gobierno que se merece».
Entonces me pregunto, ¿habiendo tantas personas buenas en este maravilloso país, realmente los gobiernos que hemos tenido a lo largo de los últimos 20 años o más, son efectivamente los que merecemos?

Y siempre llego a la misma conclusión:

La cultura y la educación es la única forma de salvar a nuestro país.
No el fútbol.
No los programas de “competencia” alborota-hormonas y quema cerebros.
No un nuevo y flamante postulante con lengua larga y bolsillos anchos.

Tenemos que educar a nuestras nuevas generaciones, y no solo con libros; tanto o más culpable es el observador como el delincuente.
Cultura es todo, el hogar, la familia, los libros, el colegio y las universidades, el trabajo, etc.
Empezamos con nosotros mismos y los nuestros y podremos llegar lejos como nación.
No ensuciando las calles, no pagando por ventajas injustas, no sobornando.
Nosotros somos los únicos capaces de hacer que nuestro país cambie, y que sea ese Perú.
Ese Perú del que solo se habla en los libros de historia, ese Perú lleno de oro, pero no del que está bajo tierra.
El oro más preciado que tiene el Perú es el que está en la mina de nuestros corazones.

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Sobre el autor

Escritor limeño, columnista y poeta; crítico por excelencia. Mi tinta es negra y la acompaño de afiladas palabras. Construyo historias para todo público y convierto la realidad en matices fuertes con los que podría pintar uno de sus coloridos cuadros.