viernes, 15 de diciembre de 2017

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Carta abierta a una afición soñadora, por Rodrigo Ampuero
Fuente: EFE

Carta abierta a una afición soñadora, por Rodrigo Ampuero

«El fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes». Aún recuerdo la primera vez que leí esta frase de Jorge Valdano, jugador argentino y gran director técnico. Un crack.

Hasta el día de hoy, esa frase cala en mi memoria con un profundo sentimiento de darle toda la razón. El fútbol es, para muchos, un trabajo que requiere años de sacrificio y disciplina, pero para la gran mayoría es un hobby (y uno muy hermoso por cierto). Me gusta pensar en él como si fuera un huracán cargado de alegrías, logros, emociones fuertes y unidad, así como también de derrotas y decepciones. Es toda una tormenta, cuyo centro gira entorno a un pequeño instrumento que conecta al planeta entero y que tiene su misma forma: un balón.

El mundo del fútbol está muy ligado al arte, en su nombre se han escrito canciones, poemas, libros, se han hecho programas de televisión, películas, entre otras varias cosas. Bueno, es que todo lo anterior mencionado tiene una razón: el fútbol es un generador de sueños.

Soñar es una palabra muy bonita, un concepto tan agradable a la imaginación que se torna interesante, sobre todo, cuando va de la mano con una ilusión. Esa misma ilusión de llegar a trascender de alguna forma en la vida, que nos motiva y mueve nuestros esfuerzos, que nos convierte en guerreros dispuestos a apostarlo todo para realizar sueños.

Estamos a horas de que la blanquirroja juegue los dos partidos más importantes de nuestra historia futbolística, no solamente porque implica el retorno a un mundial, es porque ahí está, latente, el sueño que millones de peruanos compartimos. Ya no queremos alentar a otros equipos en la máxima competición del deporte rey, queremos ponernos la camiseta de nuestro país y gritar los goles con amor propio.

Atrás quedaron el fallo del “Cóndor” Mendoza, la victoria frente a Brasil por la bendita “Patita del Cuy”, el penúltimo puesto de las clasificatorias pasadas, el tercer puesto en la Copa América, la eliminación por diferencia de goles para Francia 98… todo. Todo se queda ahí, en estos treinta y cinco años que han pasado. Ahora tenemos una selección joven y talentosa, trabajada por un Tigre que ha desarrollado un juego lindo y elaborado, con un cimiento hecho a base de picardía, picardía peruana.

La ilusión intacta de todo un país está ahí, esperando, paciente, en la garganta de Peredo, de Fleischman, de todos. Está lista para salir disparada con euforia, lleva dormida más de tres décadas y ya quiere despertar. Y cuando lo haga, el país entero verá a su ilusión crecer junto con esa frase que siempre nos acompañó en nuestro sueño mundialista. Porque puede que no sea algo importante, pero el fútbol siempre será excusa para la alegría. ¡VAMOS PERÚ!

 

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